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dijous, 11 de novembre del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 5 (V)

Las reacciones no se hicieron esperar; la mayoría del local se tiró al suelo, entre exclamaciones de sorpresa y miedo. Jim Brewster gateó hasta bajo la mesa, con su mente martilleando una y otra vez: ‘Sabía que eran unas perturbadas, ¡lo sabía!’. El pequeño grupo del coro de la residencia de ancianos, que se reunía allí todas las tardes para jugar a cartas, corrió hacia el baño más próximo, el de señoras, y un chico joven y con aspecto delgaducho y triste se tiró por la ventana, probablemente sin acordarse de que estaban en una planta baja. En medio del caos, Phyns distinguió por el rabillo del ojo como Mary Sue arrastraba a un Nick asustado a fuera, a la calle. Afortunadamente, no la había reconocido; en aquel momento daba gracias a la gilipollez de su amorcito.
Sólo una mesa siguió con todos sus ocupantes.
- Vaya, ¿y esa chica? ¿Quiere hacer volar la cafetería? –preguntó Max la obviedad.
- No, qué va. La conozco; se sienta a mi lado en clase –le respondió Al frunciendo el ceño. – Sufre alguna enfermedad mental, pero todavía no he descubierto cuál.
- ¿Te está molestando, Max? –preguntó Doris, con los ojos brillantes. -¿Quieres que la elimine en tu honor?
- Dile que sí – le susurró Al.- O si no, moriremos todos.
- No hay de qué preocuparse –le contestó el otro en voz baja también.- ¿Recuerdas lo de esta mañana? Aún después de que mi agente se lo explicara todo a la policía, no se han fiado del todo, así que me han puesto un retransmisor en el tobillo, de esos qué tienen GPS y micrófono incorporado. No deberían tardar en aparecer.
- Esto no es Roseville –apuntó Doris.- Aquí la policía es una simple leyenda urbana. Hay gente que dice que los ha visto, pero siempre son amigos de conocidos.
- ¡VOSOTROS! –les señaló Phyns.- U os calláis la boca, u os frío como pollos.
La chica emo estaba nerviosa; Nick y Mary Sue habían desaparecido detrás de la puerta, y había perdido todo rastro de ellos. ¡Quién sabía la de cosas que podía hacerle la princesita a su Nicky! Lo podría atar a una farola y… No, era mejor no pensar en ello; las imágenes mentales perniciosas podían dañar su capacidad de analizar a sangre fría. Con disimulo, giró la cabeza hasta dónde estaban las gemelas.
- Ahora voy a fingir que os doy la bomba a vosotras.

Pero en aquel preciso instante, la policía irrumpió en el lugar, echando la puerta abajo, y el agente del centro, que parecía el jefe, exclamó sin apuntar a ningún punto concreto con la pistola:
- ¡Que nadie se mueva! ¡Y las manos dónde yo pueda verlas!

Todo el mundo, los que estaban bajo las mesas y los que no, se apresuraron a cumplir órdenes, dejando el bar en un estado estático, semejante al de una película en pausa. Todos menos Phyns, que aprovechando la confusión creada por la intrusión repentina de la policía, se escaqueó hacia afuera por la ventana que previamente había roto ese chico que había intentado tirarse. Nadie pareció notarlo.
- Qué fuerte –susurró Al.- Existen. Y están aquí.
Doris, también con las manos en alto, le contestó.
- Será porque hay alguien famoso por en medio –señaló con la cabeza a Max.- Les encanta salir en los periódicos.
- Cierto, es una explicación plausible.
- Bueno –los interpeló el jefe, un inspector robusto y gordinflón, de unos cincuenta años.- ¿Quién tiene la bomba?
Doris puso los ojos en blanco.
- Buen método de investigación, Sherlock.
Las gemelas Nightfall, sin embargo, parecían nerviosas por la inesperada aparición de las fuerzas de la ley, y no dudaron a señalarse la una a la otra delante del hombre. Acto seguido, la mitad de los policías que había en el local se lanzaron en plancha encima de ellas, tirándolas al suelo y cubriéndolas por completo.
El jefe se acercó hasta dónde estaban ellos y dio un par de palmadas a la espalda de Max.
- ¿Está bien? Hemos venido siguiendo la señal tan rápido como hemos podido.
Doris miró a Al como diciendo ‘¿lo ves?’, pero él estaba demasiado ocupado haciendo un pequeño cálculo mental: cuando salieran del Cerdo Misógino, Doris se iba a pegar a Max como una lapa, suprimiendo cualquier posibilidad de que pudieran estar un rato a solas. Y él quería darse un pequeño regalito, vaya que sí.
Y entonces se le hizo la luz. Era arriesgado; probablemente a la larga iba a costarle la vida y el alma, pero valdría la pena…por un rato.
- ¡Cuidado! –gritó con los ojos muy abiertos.- ¡Es una cómplice!
Y señaló a Doris.
La mitad restante de policías se echaron encima de la chica, que no tuvo ni tiempo de esbozar una mueca de indignación.
Uno a cero. Al ganaba.





A fuera del pub, Nicholas Pink no se encontraba en una situación mejor. Mary Sue lo tenía agarrado fuertemente de la mano, casi cortándole la circulación, y parecía concentrada mirando los coches que pasaban por la calle.
- Hum… quizás deberíamos entrar –empezó Nick tímidamente.- Hace unos momentos ha entrado la policía, y me gustaría asegurarme que mis amigos están bien.
- Seguro que sí – respondió Mary Sue.- No será nada.
- Estaban gritando algo de una bomba…
- Déjalo, amour, son suficientemente inteligentes para salvar sus vidas –dijo mientras le acariciaba la mejilla dulcemente, causando escalofríos de horror al chico, y luego añadió:- No puedo estar ayudando a todo el mundo constantemente, ¿lo entiendes?
Nicholas detuvo el impulso de preguntar "¿Ayudar a quién?", y en vez de esto, fijó los ojos también hacia la carretera para evitar mirar a la chica; sabía que si la contemplaba demasiado rato seguido, podía caer bajo su embrujo. El hecho de que pudiera evitarlo parcialmente no significaba que fuera inmune.
De pronto, vio como una limusina rosa se acercaba a toda velocidad, y justo cuando iba a hacer un comentario sobre lo hortera que era esa cosa, Mary Sue lanzó un gran suspiro de alivio.
- ¡Finalmente! ¡Sebastian vino a buscarnos!
¿Acaso lo dudabas?, se regañó para sus adentros. Había aprendido a asociar el rosa automáticamente con Mary Sue; vestidos rosas, mochila rosa, estuche rosa… Aunque siguiendo esa regla de tres, ¿no sería el mismo Nick ‘Pink’ propiedad suya? Dios, prefería no pensar en ello…
¡Eh!, le espetó su cerebro otra vez, noqueándolo contra la Tierra, ¡Que ha dicho ‘buscarNOS’!
Nick palideció.
- ¿Has dicho buscarNOS?
Mary Sue sonrió mientras la limusina paraba a su lado y Sebastian, un mayordomo con pintas de mayordomo, le abría la puerta trasera, causando que la gente que paseaba por la calle les mirara indiscretamente.
- Exacto; he decidido invitarte a mi casa, para hacer los deberes juntos y comer algo de gâteau.
Nick notó como un sudor frío empezaba a trepar por su espalda, mientras luchaba por liberarse de esa mano que lo tenía preso como una garra de acero. Sí que tenía fuerza, la chica…
- No gracias; tengo un hogar dónde me están esperando, y además, no llevo los deberes encima… Quizás otro día, ¿sí? –rió nerviosamente cuando entre Mary Sue y Sebastian empezaron a empujarlo sutilmente hacia dentro del vehículo. - ¿No tengo elección, verdad?
- No –respondió Mary Sue con una sonrisa cándida conseguía meter el chico adentro y subir ella también. Le lanzó un beso, y se giró para encarar al mayordomo, ya también en su asiento.
- A casa, Sebastian.
La limusina arrancó con un agudo ruido de neumáticos.


Unos metros atrás, Phyns salía tambaleándose de entre los arbustos contra los cuales había aterrizado después de saltar por la ventana, sólo para percatarse de que una limusina rosa se alejaba a toda velocidad conduciendo por el carril contrario.
Y un sólo grito salió de su garganta.
- ¡Maldita ramera! ¡NO TE SALDRÁS CON LA TUYA!
Y acto seguido, echó a correr detrás suyo.

diumenge, 17 d’octubre del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 5 (IV)

- ¿Y hace mucho que trabajas como actor?
- ¿Es difícil interpretar un papel tan complejo como el de Chris?
- ¿Te molestan mucho tus fans?
- ¿Me das tu número de móvil?
Y así ad nauseam. Nicholas Pink empezaba a notar cómo se mareaba, aturdido de toda la adoración que repentinamente había despertado Max. Doris y Al se habían sentado cada uno a un lado del chico, y le estaban atosigando con preguntas; las de Al más generales, típicas de una cita, y las de Doris directamente se iban a la categoría de fangirl en ebullición. El chico intentaba contestarlos a ambos, pero se notaba hacía que dirección se le iban los ojos entre respuesta y respuesta.
Pero lo más peligroso es que ahora, no sabía exactamente cómo, estaba sentado en el lado de Mary Sue.
- Bueno, Nicky, parece que nos han excluido de la conversación –apuntó la chica con una dulce sonrisa.
‘¡Es el diablo! ¡Hizo que viniera el tío bueno para tenerme sólo y desprotegido ante ella! ¡Tengo que huir!’
- Sí, qué se le va a hacer…
Una risita musical.
- En fin, ¿Y cómo te ha ido el día?
‘Fatal; por tu culpa, la mitad de la clase pide mi cabeza en bandeja de plata, y además, ahora me has quitado a las dos únicas personas que están dispuestas a pasar su rato libre conmigo. ¡Mamona!’
- Eeh… Bien, bien. ¿Y el tuyo?
- ¡Genial! Estoy muy contenta de poder charlar contigo así, a solas, sin que nadie moleste…
Nick tragó con dificultad. Tenía que idear una vía de escape inmediatamente, o su vida dependía de ello. El rostro de Mary Sue estaba peligrosamente cerca del suyo, y podía sentir su intoxicante olor a flores silvestres.
- Tengo que ir a tomar el aire –anunció de repente, atrayendo todas las miradas hacia sí.- La tarta no me ha sentado muy bien.
Doris entrecerró los ojos.
- ¿Tarta? ¿QUÉ tarta? Todavía no hemos comido nada…
Nick se mordió el labio, notando como un pequeño tic nervioso le aparecía bajo el párpado izquierdo.
- ¿Seguro? Bueno, entonces será el bocata de la comida… O lo que sea. Me encuentro mal. Voy a fuera. – “Seguid con vuestra ceremonia de cortejo, traidores”.
- Te acompaño –se ofreció solícita Mary Sue.
- ¡No! – chilló Nick. Luego, rectificó.- No, no es necesario, sólo necesito que me dé el aire un momento. Enseguida vuelvo.
- Insisto – ronroneó la chica.- Así tendrás alguien con quien charlar.
Y antes de que pudiera añadir algo, lo tomó por el brazo y lo arrastró hacia la puerta, dejando atrás la mesa y el pequeño drama que empezaba a formarse ahí.
Avanzaron hasta la entrada, dónde se quedaron justo delante de la puerta; suficiente para que pudiera contemplar el exterior, pero no para escaparse. Nick suspiró. Se sentía impotente y vencido. Mary Sue iba a hacer con él lo que quisiera; nunca iba a rendirse. Por eso, no opuso resistencia cuando notó que los brazos de ella se apoyaban en su pecho, en una especie de abrazo romántico. ‘Por favor, que termine rápido’, fue lo único que pensó.

Por suerte o por desgracia, no muy lejos había alguien dispuesto a cumplir su deseo.
- ¡FURCIAAAAAAAAAAAAA! ¡ESTÁS ABRAZANDO A MÍ NICKY! ¿CÓMO TE ATREVES? –chilló Phyns interiormente. Exteriormente, sólo soltó un bufido y arrancó un par de páginas de Romeo y Julieta; no quería ser descubierta, aunque eso significara contener su rabia.
Ignoraba cómo había conseguido la princesita traer a ese actor para hacer de carnada, pero ahora Nick había quedado sin protección, vulnerable ante el poder de Mary Sue, y ella, Phyns Blackburn Sixstars Evilmaster, iba a estar allí para evitar la corrupción de la inocente alma de su amor platónico.
Cuando vio que la cara de bruja rosa quedaba demasiado cerca de la de su querido Nicky, Phyns comprendió que tenía que poner en marcha el plan B, sólo para emergencias.
Y eso lo era.
- Pasemos al plan B–comunicó a sus fieles aliadas, quienes la escuchaban atentamente. – ‘FUEGO PURIFICADOR’
- ¿Es este el de lanzar los dardos con somníferos? –preguntó Evelyn confusa.
- No, pedazo de ramera –explicó pacientemente Emily.- Este es el ‘SWEET NIGHTMARE’. El de ‘FUEGO PURIFICADOR’ es el de incendiar el local agrupando todas las servilletas y prendiéndolas con nuestros mecheros.
- ¡Que no, analfabetas! –chilló Phyns exasperada.- ¡El de quemar el local era el de ‘BURN TO ASHES’, y al final dijimos que mejor que no, ya que los clippers de Jack Skeleton podrían salir dañados!
Las gemelas Nightfall se miraron un momento.
- Y entonces, ¿cuál era el ‘FUEGO PURIFICADOR’? –hablaron las dos a la vez.
Phyns inspiró profundamente. Soltó el aire. Volvió a cogerlo y contó hasta diez. Y de repente, se levantó abruptamente y se puso la mano dentro la gabardina.
- ¡TENGO UNA BOMBA EN MI PODER, Y NO DUDARÉ EN USARLA! –gritó a todo volumen para que todo el mundo lo oyera alta y claro. Entonces se giró hacia sus subordinadas.- ¿Lo veis? Éste era el ‘FUEGO PURIFICADOR’ –añadió susurrando.
- Ah, cierto. Lo de fingir que éramos terroristas y tal –apuntó Emily, antes de recibir un codazo por parte de su hermana.

dijous, 7 d’octubre del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 5 (III)

Finalmente optó por pellizcarle el brazo disimuladamente a Al.

-¡Joder! – exclamó este dando un brinco.- ¿Qué coño te crees que haces, tío?
A la porra la discreción.
- Nada, nada –se apresuró a tranquilizarlo Nick.- Tenías un mosquito e iba a picarte, pero le he matado –últimamente se había vuelto excesivamente bueno mintiendo. ¿Era otra de las consecuencias del marysueismo?
- Humpf, supongo que te debo mi vida, entonces – aunque estaba ligeramente molesto, Al parecía haber vuelto a su estado normal. Lástima que con Doris no fuera tan fácil.

- Supongo que dentro de poco va a llegar mi amigo –dijo Mary Sue mirando su reloj de muñeca, una delicada pieza de artesanía. Nick no sabría explicar por qué, pero estaba convencido que estaba hecho con plata de primera ley.- Ha llamado hace un rato diciendo que le había surgido con contratiempo y que intentaría ser aquí lo más pronto posible.
- Claro –asintió Doris, muy comprensiva.- Estará muy ocupado. Nunca se sabe, trabajando como actor…
Nick y Al intercambiaron una mirada de hastío.
- Bueno –siguió Mary Sue mientras les sonreía coqueta.- Sabéis muchas cosas sobre mí, pero yo todavía no sé nada sobre vosotros… -aquello era una verdad a medias. De hecho, después de volver de su segundo día al St. Puff, se había dedicado a rastrear en la red todo lo posible sobre sus nuevos compañeros.
Sabía que Nicholas jugaba en el equipo local de fútbol, que el año pasado había suspendido tres asignaturas y que cuando tenía siete años había estado hospitalizado por ‘causas desconocidas’. También que su padre vagaba en paradero desconocido, y que su madre era una de las principales forenses del centro policial de la ciudad.
Doris había nacido en el Tíbet, hija de una monja budista guerrera y un cazador con ascendencia vikinga, que había ido a vivir en Backshead justo antes de empezar la secundaria. Actualmente vivía con sus tíos en una pequeña casa, y practicaba taekwondo y kárate seis horas cada semana.
Alexander había sido expulsado de diez escuelas privadas diferentes en primaria por mal comportamiento o falta de motivación; también tenía antecedentes debido a un desafortunado incendio en la cocina de Nick cuando ambos tenían doce años. Su madre era la presidenta de la Hummingbird Corporation, una importante empresa de tecnología punta.
Pero Mary Sue tenía que mantener las apariencias por encima de todo.
- ¿Y qué quieres que te contemos? – dijeron Doris y Al a la vez, sólo que usando un tono de voz distinto; el de Doris era servil, mientras que el de Al marcaba una clara hostilidad, como diciendo ‘vete a la mierda’.
- Pues…-empezó Mary Sue dudosa.- No sé, cualquier tontería… ¿Hace mucho que sois amigos?
- Sí –afirmó Nick.
- No –negó Al.
- No somos amigos –apuntó Doris. -¿Qué?- añadió luego al ver la cara de los chicos.- Sois unos capullos, sólo voy con vosotros porque hacéis lo que a mí me da la gana.
- Oh, vaya…- murmuró Mary Sue.-
- Bueno, la verdad es que no hay mucho que contar –se excusó Nick, después de un largo y tenso silencio.- Todos llevamos una vida más bien corriente.
“Hasta que llegaste tú” añadió para sus adentros.
- Nick tiene razón –lo secundó Al.- Backshead es una ciudad más bien aburrida. Exceptuando la violencia y la contaminación, claro.
- Recorcholis –Mary Sue parecía ligeramente decepcionada.
De repente Doris sacó una navaja suiza del bolsillo del pantalón.
- A ver, nenes, si mi amiga quiere saber, vosotros le informáis –les amenazó blandiendo el arma.- Vamos, ya podéis empezar; quiero que cantéis incluso vuestro grupo sanguíneo.
Nick dio un respingo, comprendiendo que la advertencia iba únicamente por él, y justo cuando iba a empezar a hablar, se percató que a su lado había un chico al que no conocía. Era alto, moreno y todo en él parecía chillar ‘tío bueno’.
Y a juzgar por la mirada de sorpresa y placer que le dedicó Doris, era el famoso amigo de Mary Sue.
Genial, pensó Nick, las cosas no podían ir peor.
- Chicos, chicos, -empezó Mary Sue picando su vaso con la cucharita.- Os presento a Max T. Jackson. Es el amigo de que tanto os he hablado.
Doris respondió, más o menos, con un pequeño ruido orgasmático, y Nick giró la cabeza, fastidiado, murmurando un cortante ‘hola’. Miró a Al, esperando poder compartir su asco y aburrimiento.
A su mejor amigo se le estaba cayendo la baba encima la mesa. Y no metafóricamente.
Nick aprendió una gran lección: “Nunca pienses que las cosas podrían ir peor…”
- Hola, chicos, encantado de conoceros –dijo Max con una sonrisa de oreja a oreja.- Y también de verte otra vez, Alexander.
“…porque lo harán”.

dilluns, 4 d’octubre del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 5 (II)

En ese momento, la puerta de El Cerdo Misógino volvió a abrirse y entraron cuatro jóvenes, y Jim supo al instante que eran los que estaban esperando la chica-mapache y sus secuaces. Dios los cría y ellos se juntan, pensó, mientras examinaba cuidadosamente el grupo recién llegado. Una chica rubia y pálida se había embarcado en una conversación con la camarera, a la que parecía conocer; probablemente era una clienta habitual. Llevaba un vestido celeste muy veraniego y vaporoso, y tenía una elegancia natural que lo captivó enseguida. Iba cogida al brazo de un chico pelirrojo, que lucía una expresión de entre horror y bochorno en el rostro, y vestía un horrible suéter rosa. Detrás suyo, una chica teñida de verde lima y con unos pantalones morados de manzanas amarillas examinaba el platillo de las propinas. El pelo le llegaba a medio cuello, excepto el que le caía de delante las orejas, que alcanzaba los hombros. Al ver que todavía ningún cliente había dejado nada, se giró decepcionada, y entabló conversación con el último miembro del grupo, un chico delgado y moreno que llevaba una camiseta de Nirvana y el pelo recogido en una pequeña coleta.
Un grupo pintoresco, decretó Jim, y aguardó la reacción del trío que tenía detrás.
No hubo ninguna, a parte de un silencio y una tensión sepulcral. El trío de siniestras se habían colocado bien las gafas y se habían subido las solapas de sus gabardinas, llamando inevitablemente la atención.
Pero por algún tipo de extraña casualidad, el grupo recién llegado no se fijó en ellas. Fueron directamente a una mesa al lado de un amplio ventanal, adornado rústicamente, y se sentaron ahí después de ordenarle sus pedidos a la camarera.
Jim Brewster los miró frunciendo el cejo. Parecían un grupo relativamente normal pero, ¿qué hacían esas psicópatas emos detrás suyo?


- Pues no está mal este lugar – declaró Al observando las calles a través del cristal. Como no era una zona especialmente peligrosa, sólo se apreciaba una pequeña calle de casas adosadas y un campo de trigo. – No había venido nunca por aquí.
- Ya –le secundó Doris, mientras se guardaba los sobres de azúcar de la mesa dentro el bolsillo. – Es bonito. Volveremos.
- Me alegro que os haya gustado –dijo Mary Sue sonriente.- Lo encontré el otro día por casualidad, mientras recogía a gatitos abandonados de la calle.
“¿Qué mierdas es esto?” pensó Nick notando como empezaba a ser presa de un ataque de nervios. Mary Sue estaba lavando sus cerebros a un ritmo gradual, y ninguno de sus amigos parecía notarlo. Doris estaba repentinamente encantada con ella, y Al tenía la cabeza en las nubes desde la mañana y no se enteraba de nada.
El amor, ese sentimiento tan terrible, los había aprisionado a todos. Nick se dio cuenta de que tenía que liberarlos.
La cuestión era cómo. En algunas películas había visto que para liberar a una alma captiva se tenía que sacrificar el cuerpo, por muy doloroso que eso resultase, para que ésta pudiera avanzar hasta la siguiente vida, pero en ese momento no se sentía demasiado predispuesto a matar a sus amigos. Y menos usando el cenicero, lo único que había encima la mesa; probablemente Doris le descuartizase antes de que ni siquiera lo levantara.

diumenge, 15 d’agost del 2010

Highschool Bizarre ChroniclesCapítulo 5 (I)



CAPÍTULO 5

“¡Oh amor poderoso! ¡Que a veces hace de una bestia un hombre,
y otras, de un hombre una bestia!”




- A la mierda Shakespeare.

Jim Brewster, uno de los pocos clientes que había en El Cerdo Misógino, un pequeño y acogedor local situado cerca de los únicos jardines en todo Backshead, giró la cabeza para mirar aquella inquietante criatura que había sentada a la mesa de al lado. Llevaba una larga gabardina negra, gafas de sol y una boina, también negra, que no llegaba a cubrirle una mata de pelo rosa que, tal cual cabellera de león, le salía a lado y lado. Delante suyo había sentadas dos chicas, completamente en silencio, con las miradas clavadas en la mesa; ambas vestían también de negro, y llevaban sendas gafas. Las malas vibraciones que desprendían rompían al instante el encanto de esa pequeña cafetería.
Si sólo fuera su aspecto el problema, Jim habría podido ignorarlas fácilmente, pero el quid de la cuestión radicaba en que desde el momento en que habían entrado por la puerta de vidrio y madera, la chica del pelo rosa no había parado de gritar y maldecir. No es necesario decir que la camarera, una mujer de aspecto delicado y pusilánime, ni siquiera se había atrevido a pedirles que bajaran un poco la voz.
En ese momento, esa energúmena se encontraba agitando un libro, que parecía ser Romeo y Julieta, mientras se dedicaba a despotricar contra su autor.
- En serio, que se vaya a petar monos. Dice que lo de sus obras es amor, ¡pero en realidad no tiene ni idea! Romeo es un media mierda, y Julieta, una pava insoportable. Los podría haber matado a la primera página y ahorrar el sufrimiento a sus lectores, ¡joder!

Jim Brewster se giró molesto, decidido esta vez a endosarle una réplica mordaz. Había dedicado gran parte de su vida al estudio de la obra de Shakespeare y no iba a permitir que su ídolo literario fuera menospreciado de esa forma, y menos por una niña que se pintaba como un mapache. Incluso ya había empezado a formar un discurso en su mente sobre cómo defender al autor inglés, pero cuando abrió la boca para soltarlo, se encontró con los rostros fríos y inexpresivos de las dos chicas que acompañaban a esa gamberra.
- Perdone a nuestra jefa –dijo una de ellas, la de la izquierda, aunque Jim se percató de que eran prácticamente iguales.- Últimamente no se encuentra muy bien.
Era cierto. La chica-mapache había empezado a llorar a cántaros sobre la mesa, y lagrimones negros surcaban sus mejillas por debajo de las gafas oscuras.
- Problemas amorosos –añadió la de la derecha.
Jim Brewster asintió, repentinamente comprensivo. Entonces, era eso. Pobrecita.
- ¡Y es que además tiene las agallas de llamarlo ‘amor verdadero’! –sollozó la líder mientras agarraba una servilleta y se mocaba ruidosamente.
- Su chico ha quedado con otra –le explicó la gemela izquierda.
- Y eso no le ha sentado muy bien a la pobre – la derecha volvió a intervenir.
- ¡¡El amor verdadero es un producto inventado por Hollywood para lavarnos el cerebro!!
- Está bastante destrozada.
- Así que disculpe las molestias, e intente comprender.
- Nicky…. Mi pequeño Nicky… ¡¿Qué te han hecho?! Ya sé que tú no querrías quedar con esa pelandrusca… Te han obligado fuerzas mayores…

Jim las miró un momento, indeciso, y finalmente se volvió hacia su mesa y se concentró en su café. Definitivamente, los jóvenes de hoy en día eran completamente diferentes de lo que había sido él.

En la mesa de al lado, Phyns, ahora sin las gafas, había empezado a dibujar calaveras negras a la portada del libro para distraerse, y de vez en cuando todavía sufría algún espasmo debido a su reciente llanto. Bajo la atenta mirada de Emily y Evelyn empezó a practicar algunos ejercicios de relajación: tomó aire por un agujero de la nariz, tapando el contrario, y lo liberó por el otro, invirtiendo el proceso. Después de varias veces, empezó a notar como su pulso se relajaba y su línea de pensamiento se estabilizaba el máximo posible.
Bien, eso era lo que necesitaba. Estar completamente relajada para cuando llegara Nick con Mary Sue. No quería traicionarse a sí misma y delatar su presencia.
- ¿Seguro que dijo a las seis? – preguntó a Emily, la encargada de las escuchas.
- Sí señora. Querían ir a sus casas a dejar las mochilas.
- Pues son las seis y cuarto y aquí todavía no hay nadie…
- Se habrán retrasado. Todas sabemos que el señor Nicholas es de todo menos puntual.
- ¡No es impuntual! –chilló Phyns. -¡Él es perfecto! ¡Es el resto del mundo el que va demasiado avanzado!
- Tiene razón, señora –apuntó Evelyn.
- Y por cierto –prosiguió Phyns.- Cuando lleguen, sobra decir que no quiero ningún movimiento que rebele nuestra posición. Tenemos que pasar inadvertidas. Por algo nos hemos saltado la última hora de clases: para camuflarnos en el ambiente.
- Como usted mande, señora –corearon las hermanas Nightfall.

Jim Brewster empezó a inquietarse. Las chicas de al lado eran realmente unas psicópatas. Al menos la del pelo rosa. Y las gemelas… había algo en su perenne frialdad que le hacía entrar escalofríos. Había hecho bien de no llegar a decirles nada, decidió, mientras se tomaba el último sorbo de su capuccino.

diumenge, 20 de juny del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Prólogo

Doncs res, com que no tinc res decent per a penjar (^^U) poso aquí aquesta paranoia que em dedico a fer als meus temps lliures. La vull penjar tota, ja que si li passa alguna cosa a l'ordenata seguiré tenint una còpia on-line XD També li he canviat el nom: ara m'agrada més perquè representa més bé el contingut (això sí, no puc evitar que em recordi a High School Musical T_________T horrooooor).

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Atención:
Todos los personajes representados a continuación son de ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

(Aunque déjame decirte que, si alguno de los siguientes especímenes te recuerda a ti, ¡corre a abrir el gas!)



Mary Sue es un término utilizado por el mundo del fandom, refiriéndose a un personaje femenino (de ser masculino suele usarse el nombre Gary Stu) agregado en la historia original que suele ser un alter-ego del escritor/escritora, cuya principal característica es la de ser perfecto y no tener fallos. (…)
Las Mary Sue generalmente son chicas de belleza extraordinaria. Frecuentemente, sus ojos y cabello tienen propiedades poco comunes, que llaman mucho la atención.
En términos generales, un personaje Mary Sue presenta múltiples habilidades comparadas con sus escasos (si no es que nulos) defectos; sin embargo, suele desagradar a los lectores.


Mary Sue , Sta. Divinidad de la Wikipedia.



PRÓLOGO:
En el que el lector tiene el honor de conocer al personaje
más ilustre y brillante de todos los tiempos.


- Oh, mierda –fue lo primero que dijo Nicholas Pink esa mañana de marzo. - ¿En serio la redacción de lengua era para hoy?
Doris lo miró con ojos burlones desde el otro extremo de su pupitre mientras frotaba uno de los chicles que había bajo la mesa para que se cayera.
- Pues sí, y además es bastante importante – hizo una pausa dramática y esbozó una media sonrisa. - ¿Recuerdas que la profesora estuvo dos meses de baja porque se quemó en la playa? Pues ahora no sabe con qué evaluarnos y probablemente saque de ahí gran parte de la nota final.

Nick inclinó la cabeza y intentó poner la mirada más triste de la que fue capaz. Se imaginó que era un pobre chico sin familia ni amigos que vivía bajo un puente con su perro pulgoso. Y entonces empezó a hablar con la voz rota.
- En fin, supongo que voy a suspender inglés este trimestre… Espero que mi madre no me pegue demasiado – dijo haciendo que el flequillo pelirrojo le cayera sobre la cara tapándole los ojos, dándole un toque todavía más trágico.
- No voy a dejártela copiar.
El chico esbozó una mueca consternada.
- ¡Pues entonces sí que voy a suspender!
- ¿Y? Es tu culpa. Además, tu madre en su vida sería capaz de levantar la mano a alguien. Pobre mujer, suficiente tiene con un hijo cómo tú… estúpido.
En cuanto terminó, Doris esbozó una amplia sonrisa. Acababa de empezar la mañana de forma inmejorable; despotricando contra Nick, que casualmente era su actividad favorita después de tumbarse al sofá con una pizza y ver Lirios en Diciembre, un culebrón que estaba de moda. Ignorando al chico, que ahora parecía lloriquear sobre la mesa suplicando un poco de compasión, se dedicó a la fascinante tarea que tenía entre manos, literalmente. El estúpido chicle parecía no querer caer. Mientras le daba pinchazos con la regla y descargaba sobre él su frustración, se preguntaba quién podría ser el cerdo misógino que se lo había pegado, y se juraba a sí misma que iba a vengar de una forma retorcidamente original y malévola.
Aquella asquerosa conglomeración de petróleo se soltó de la madera al mismo tiempo que Nick abría la libreta en un intento desesperado de aprobar. Y todo eso pasó al preciso instante en que la profesora entraba a paso firme en la clase, con su pose elegante, la barbilla levantada y una mirada que delataba que había estado tomando más café de lo recomendable. Se paró en medio del aula, justo detrás de su mesa y tosió un par de veces intentado llamar la atención, mientras ignoraba un gemido de desesperación que le llegó desde las filas de detrás.
- Bueno, chicos –empezó a hablar con un tono de voz que mancaba de cualquier signo de expresividad. – Hoy es un día especial para nosotros; vamos a tener una nueva compañera en la clase. ¿No es genial? – si le hubieran dicho que su marido acababa de dejarla por una joven de veinte años y que habían atropellado a su gato, la señora Fine no habría conseguido formular esa pregunta de forma más fúnebre.
Los alumnos empezaron a murmurar entre ellos apresuradamente. No era normal tener chicos o chicas nuevas en el instituto, por el simple motivo de que el centro tenía una de las peores reputaciones del país, que habían logrado a base de depresiones y suicidios de profesores y varias desapariciones de algunos de los estudiantes. Por eso nadie iba nunca voluntariamente ahí. Sólo a los desgraciados que les tocaba por obligación, ya fuera por el distrito dónde vivían, como Nick o Doris, o por sus –pésimas- notas.
Se tenía que estar loco para querer ir al St. Puff.
Como es normal en una clase de secundaria, los comentarios maliciosos no tardaron en aflorar.
- Será una ex delincuente… - decía Philip Hughkins, un chico alto y esquelético de la segunda fila, mientras se reía entre dientes.
- A lo mejor ya ha cumplido los veintidós – añadía sonriente Tasha Swimbles, una chica la cual su belleza y inteligencia podían competir con la de los pavos reales.
- ¿Y a quién le importa eso? – gritó Sam Robson, grosero nato, para hacerse oír en medio del escándalo.- Lo importante es que tenga unos buenos…
Pero Sam nunca pudo acabar de decir qué era lo que le interesaba sobre la nueva alumna ya que su opinión fue cortada por la entrada de la misma.
La clase entera enmudeció.
Ante ellos estaba la criatura más perfecta que habían visto jamás. Sus tirabuzones dorados como el sol veraniego le caían en perfecto orden sobre los hombros pálidos y pequeños, que el vestido de volantes y encajes que lucía no llegaba a tapar del todo. Sus ojos, azules cómo el más azul de los zafiros, los miraban con una expresión que transmitía cohibición y puerilidad bajo unas cejas tan finas que casi parecían pintadas. Tenía las mejillas sonrojadas, y los labios, del color de las cerezas, entreabiertos, formando una pequeña ‘o’ de sorpresa.
- ¿Por qué no te presentas a tus nuevos compañeros, querida? – dijo la señora Fine, mientras se dejaba caer encima la silla demasiado pequeña para su enorme trasero. – Así haremos la clase más amena y os conoceréis más rápido – hoy no se había levantado con ganas de enseñar y tenía la excusa perfecta ante ella.
La chica asintió levemente con la cabeza y dedicó a los chicos una sonrisa encantadora. El sol que se filtraba en las ventanas se reflejó en sus dientes, inmaculadamente blancos, y cegó a las gemelas Nightfall, que estaban delante suyo. Emily y Evelyn lloriquearon asustadas al notar que de repente todo se volvía oscuro, pero nadie les prestó atención.
Todo el mundo miraba a la chica nueva.
Y de repente ella se puso a hablar con una voz tan suave y melodiosa cómo la más bella de las canciones de amor.
- Me llamo Mary Sue.

divendres, 11 de juny del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 4 (V)

El chico suicida miraba a Alexander fijamente, suplicando con la mirada. El mensaje era obvio: que dijera que sí. Lo que no sabía eran las consecuencias que podía acarrearle esa respuesta. Di que no, volvió a atacar su subconsciente. En suficientes líos te metes ya, no necesitas más.
Al también inspeccionó al joven por el rabillo del ojo, disimuladamente. Unos diecinueve años. Alto. Moreno. Guapo. Muy guapo.
-¿Oye? ¿Le conoces o no? – el hombre estaba ya perdiendo la paciencia.
No, dijo la voz interior de Al.
- Sí - dijo Al.
Imbécil salido.
- Muy bien, pues. Puedes hacerle compañía un rato. Si quieres, incluso puedes acompañarle a la comisaría – sentenció, y con una risa sardónica, se alejó.
- ¿No van a acusarme de cómplice o algo así, no? – saltó Al en el momento en que perdió de vista al Rey Gorila.
El otro chico negó con la cabeza.
- Qué va. Y si me haces el favor de prestarme tu móvil un momento, incluso yo voy a poder librarme de esta.
Al lo miró con desconfianza.
- ¿Por qué debería dejártelo?
- Por favor – susurró el chico, mordiéndose el labio.- Sólo será para mandar un mensaje… Tengo que aclarar este malentendido.
Tenía los ojos marrones. Y brillantes. Y el pelo como ese actor de la serie que mira Baby…
-Sí, vale, de acuerdo – Al interrumpió sus propios pensamientos, que se perdían por los senderos del laberinto de su mente. - ¿Entonces, esto no es lo que parece? – preguntó mientras le entregaba el móvil.
El chico lo recogió, agradecido, y empezó a escribir velozmente mientras hablaba:
- Más o menos… Verás, yo sólo quería subirme a la barandilla para practicar, porque estaba con el ánimo ideal, pero unas jubiladas que paseaban me han visto, han creído que quería matarme, y la situación ha ido degenerando.
- Ah –respondió Al, que no había entendido nada. ¿Practicar? A lo mejor era senderista.
- Bien, gracias – anunció el chico devolviéndole el móvil.- Me has ayudado mucho, en serio.
- Ha sido un placer –alargó la mano para coger el teléfono, pero notó como el joven de repente lo tenía fuertemente agarrado. Confuso, levantó la cabeza para preguntar qué diablos sucedía, pero se encontró con la mirada del otro clavado en él. – Oye, ¿pasa algo?
- Alexander – dijo, de repente en un tono más pausado. Al ni siquiera se preguntó cómo sabía cómo se llamaba; su móvil tenía varias pegatinas en él, entre las cuales figuraba una con su nombre.
- ¿Sí?
- ¿Tienes novia?
Vale, la pregunta lo había descolocado. Intentó hacer memoria: ¿tenía algún mensaje comprometedor que no hubiese borrado? Mierda, sí, todavía guardaba los de las últimas semanas…
- No - contestó finalmente. Sabía por dónde irían los tiros. O es un radical de la hostia, o me está tirando los trastos. Ojalá fuera la segunda.
- ¿Y novio?
- Tampoco.
- Entonces… ¿no te importará que aproveche ahora y apunte mi número en tu agenda, verdad?
- No - ¿Qué si no le importaba? ¡Claro que lo hacía! Casi se podría haber puesto a saltar de alegría.
- Genial, entonces –pero no pudo añadir nada más porque en ese momento llegó el coche de policía, y se lo llevaron preso. Al lo siguió con la mirada durante todo el rato, e incluso le saludó tímidamente cuando el coche arrancó, dejándolo a él sólo en medio de esa ancha avenida…


- Vale, ahora en serio. ¿Te has colgado de un suicida que te ha pedido el móvil?
- Hombre… dicho así suena peor de lo que en realidad es. Y no me he colgado de nadie, que conste, ¿eh?
Nick sacudió la cabeza, incrédulo.
- Estás como diez rebaños de cabras.
Al le hizo una mueca.
- Aprovecho la vida, que es diferente. Quizás esta tarde le llame…
- Ya, sí. Para alegrarle su estancia en la comisaría. ¿Sabes cómo se llama al menos, no?
Al le mostró su agenda de teléfonos. Un nombre parpadeaba, grande, en la pantalla.
- Max –dijo, y suspiró mirando al infinito.
Nick también soltó un suspiro, pero el suyo se asemejó más a un bufido.
- Cómo una chota, ya lo decía yo.
- Cállate, Nicky-Pincky. No hay para tanto.
- Tienes razón, podría haber sido mucho peor. Podrían haber sido los bombarderos rusos.

dimarts, 8 de juny del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 4 (IV)

Alexander Hummingbird se quedó contemplando con desolación como el coche en el que iba montada la enana traidora de su hermana desaparecía entre las calles demasiado transitadas de Backshead. La muy cerda había subido al coche tranquilamente, sin mirarlo, aun sabiendo que lo estaba abandonando a un retraso seguro. De hecho, era lo mismo que había hecho su madre unos minutos antes. Qué familia más cruel era la suya.
- Lo siento, Al, pero en el coche sólo hay plaza para uno. ¿Lo entiendes, verdad? –le había dicho Baby muy sonriente des de la ventanilla, y el vehículo había arrancado.

Al le había levantado el dedo del corazón mostrándole todo su amor fraternal. Cuando se convenció que ya no volverían a buscarle, se había puesto a meditar cual era la ruta de llegada al St. Puff más rápida.
Estaba justo en el límite dónde se terminaba el enorme complejo de Waterfall y empezaba Backshead con todo su esplendor, una zona que él no conocía demasiado. Para ir al instituto la cruzaba en coche, y como la casa de Nick y Doris hacia otra dirección, nunca se había visto obligado a recorrerla a pie.
Examinó la calle.
Era una amplia avenida con varios bloques de edificios pintados de un color crema suave, con árboles plantados sendos lados de la acera. No había demasiado tránsito; apenas un par de coches circulaban pausadamente. A un lado, una aglomeración de gente se apiñaba contra una pared, mirando al cielo. De ellos provenían exclamaciones diversas, que iban desde el ‘¿Qué pasa?’ hasta el ‘¡Que alguien llame a la policía!’.
Nada realmente interesante.
Se miró las deportivas, absorto, mientras intentaba idear una excusa lo suficientemente buena como para que la profesora…
¡Un momento! ¡¿Policía?!
Se acercó rápidamente al montón, con la cabeza a diez mil por hora. Es decir, era normal que la policía tuviese que operar en Backshead, pero ¿por qué la gente miraba al cielo?
‘Sabía que esto pasaría’ se dijo Al a sí mismo, hallando la respuesta, ‘hemos entrado en la Tercera Guerra Mundial y Russia viene a hacernos mierda con su última versión de bomba atómica’.
Pero no, lo que la gente miraba no eran bombarderos. Ni siquiera era el cielo.
En el noveno piso del edificio, en uno de los balcones de cristal que sobresalían, un joven parecía dispuesto a tirarse para acabar con su, probablemente miserable, vida. La gente clamaba que lo pensara dos veces, que lo que estaba a punto de hacer era algo irrevocable, que se iba a arruinar la vida, y una larga lista de etcéteras. Incluso había un mediador con un megáfono intentando establecer contacto con él, y hacia unos instantes acababa de llegar un camión de bomberos que había empezado a montar el equipo de socorro. Pero el chico no parecía muy dispuesto a escuchar.
- Váyanse, en serio, no tienen de qué preocuparse…-les iba gritando él.

En esto Alexander estaba de acuerdo. Tampoco compartía el morbo de ver como alguien se revienta la cabeza contra el pavimento. Empezó a andar en dirección contraria cuando el hombre el megáfono empezó a hablar de nuevo:
- Pero chico, piensa en tus padres, en tus hermanos, en tu novia…
- ¡Que se largue! – chilló el joven, visiblemente fuera de sus casillas- Y ustedes, no es necesario que suban…- añadió en cuanto los bomberos, con rostros pétreos, empezaron subir un la escalera para alcanzarlo.
Al se quedó quieto a un lado de la calle. Pensándolo mejor, quizás esto terminaría siendo algo divertido de ver. Con un gesto travieso, sacó su móvil de última generación y empezó a grabar la escena.
Los bomberos habían agarrado al chico por la fuerza y lo bajaban prácticamente a rastras, y él finalmente había optado para dejarse hacer dócilmente. Al suelo, la mayoría de la congregación suspiraba aliviada de que todo hubiera terminado bien, y empezó a dispersarse a los pocos segundos bajo las órdenes del que parecía el jefe de bomberos, en cuando estos consiguieron llevar al suicida sano y salvo hasta el camión y lo cubrieron con un par de mantas. El chico hizo un gesto de hastío.
‘Frustración post-mortem’, se dijo Al a sí mismo, y empezó a reír de su propia ocurrencia.
- ¡Eh, tú, chaval! –uno de los bomberos le increpó mientras se le acercaba con cara de malas uvas. Al se dejó de reír de golpe.- ¡Esto no es ningún espectáculo! ¡Venga, apaga ese móvil y vete!
Alexander asintió enfáticamente, y se apresuró a cumplir órdenes. Ese hombre medía al menos dos metros. Dio media vuelta, recordando repentinamente que tenía una clase a la que asistir, cuando notó una mano enorme sobre su hombro. Era el bombero.
- Espera – le dijo con voz de ultratumba. - ¡Soy menor! –exclamó él como acto reflejo.- ¡Si me haces algo te pasarás media vida en la cárcel!
El hombre lo miró con extrañeza, y sacudió la cabeza, mientras señalaba un punto de detrás suyo con el pulgar.
- Ese chico me ha dicho que te conoce. Ve un momento con él mientras viene la policía.
Al lo miró sin comprender, siguiendo con la mirada el lugar dónde le indicaba King-Kong. Se refería al suicida.
Antes de poder decirle que él no había visto a ese espécimen en su vida, el hombretón ya lo había agarrado por el brazo y lo arrastraba hacia el camión. Díselo, le dijo su voz interior a Al. Dile que tú no le conoces.
En vez de eso, lo único que salió de su boca fue:
- ¿Va a venir la policía?
El hombre asintió.
- En este estado, el suicidio es un delito. La pena es que en la mayoría de los casos no se puede castigar a los culpables.
Y con un último empujón lo plantó delante el joven.
- ¿Es amigo tuyo?- le inquirió el bombero.

dissabte, 5 de juny del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 4 (III)

Media hora más tarde, a Nicholas Pink y a Alexander Hummingbird les seria comunicado que a las seis tenían que ir a cierta cafetería, porque Mary Sue, la nueva mejor amiga de Doris, les había propuesto de quedar. Los ruegos y las súplicas no se admitían. Y que ni se les ocurriera desaparecer, o por lo contrario iban a sufrir como cerdo en asador, palabras textuales. Obviamente, Phyns también se enteró, gracias a la eficacia del micrófono que llevaba Nick, y sufrió tal ataque de rabia que se revolcó por el suelo en una de sus rabietas mientras se mordía sus snakefangs.
Después de darles tan terrible noticia, Doris se había vuelto a clase tranquilamente, dejando a los dos chicos afuera, ya que habían llegado una vez la verja ya estaba cerrada.
Nick se encontraba en un estado de shock un poco menor al de ayer, que casi se había cobrado su vida, que le provocaba que se abrazara a sus rodillas y se tambaleara adelante y hacia atrás siguiendo una cadencia que sólo él podía oír. Estaba bastante pálido, e iba murmurando “me persigue, ella me persigue…”
Alexander se preguntó si debía de darle un par de puñetazos para hacerle reaccionar. Al final decidió que no, que la violencia no era la forma de solucionar las cosas, pero su mano no lo obedeció y en breves instantes Nick estaba empotrado a la pared mirándolo con los ojos muy abiertos.
- Lo siento, tío –se disculpó Al.- Dabas grima…
- No importa –murmuró Nick, frotándose la mejilla.- Has hecho bien.
Alexander asintió.
- Tampoco es tan horrible –añadió Nick.- Sólo tengo que intentar sobrevivir un par de horas más… Y con el adicional de que no estarán mis compañeros de clase.
- Y además estaremos nosotros para protegerte. Lo digo por si se le ocurre encerrarse contigo en el baño para abusar de ti o algo semejante…
- ¿La crees capaz de hacer algo así?
- ¿Tú no?
Nick lo meditó.
- Tienes razón… Será mejor no tentar a la suerte.
- Siéntate lo más lejos de ella.
- Eso no la va a detener.
- Confiamos que nos sirvan cuchillos.
- ¿Almuerzo con cuchillos?
- Pide tarta.
- ¡Y una mierda! ¿Sabes lo cara que es?
- Pues entonces no te quejes cuando te secuestre.
- Tú y Doris me protegeréis… ¿verdad?
- Yo tengo mi principio de no-violencia.
- Pues para tener un principio de ‘no violencia’ pegas con mala leche.
- Pídele a Doris que le meta una paliza si se acerca a ti.
- No creo… Ya has visto como la ha sobornado con eso de la serie. ¡Le brillaban los ojos de una forma horripilante!
- Ah, sí, se me olvidaba que encima vamos a tener que aguantar a una panda de celebrities pijos y famosos.
- Pijos como tú.
- Pero yo no soy famoso.
- Tienes razón.

Ambos restaron en silencio un rato. Todavía faltaban veinte minutos para que empezara la siguiente clase.
- Y…-empezó Nick, buscando cambiar de tema.- ¿Cómo es que has llegado tarde? ¿Acaso tu madre no te trae en coche?
- Sí, bueno, pero se caló en medio la carretera y tuve que venir andando con Baby. Somos ricos, pero modestos –anunció Al con dignidad.
- Pues ella ha llegado a la hora, ¿no?
- Se encontró con una amiga y la trajo hasta aquí.
- ¿Y te dejaron en medio la calle abandonado?
- Mi vida es dura –de repente, Alexander se acordó de lo que tenía que contarle a Nick y que por culpa del incidente con Doris (y Mary Sue) no había tenido ocasión de explicarle. - ¿Sabes qué? Hoy he conocido a mi futuro novio.
Nick emitió un breve monosílabo inteligible y, cerrando los ojos, apoyó la cabeza contra el muro. Acto seguido los volvió a abrir y miró a su amigo con estupefacción.
- ¿Que qué? – chilló. – Es decir… ¿cómo? Digo, ¿Cuándo? Si no somos ni las diez de la mañana…
Al miró a su amigo con infinita compasión. Doris tenía razón, era un poquito estúpido.
- Pues mientras venía andando. ¿Cómo va a ser si no, malandrín?
- ¡Y yo qué sé! ¡Estamos hablando de ti!
- Fingiré no haber oído eso último, y te empezaré a contar mi increíble historia de amor…
- ¿Vas a tener un flashback?
- ¿Vas a seguir jodiendo o puedo continuar?
- No, no, adelante, flashbackea.

dijous, 3 de juny del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 4 (II)

Mary Sue había decidido, después de largas horas de calibraciones y muñecas voladoras, que lo mejor que podía hacer para acercarse a Nick, y ya de paso obtener algo de información, era empezar a llevarse bien con sus mejores amigos. Y, casualmente, había oído parte de la conversación anterior, descubriendo que Doris era fan de Lirios en Diciembre, cosa que le había dado una ligera idea de cómo hacer que la chica se pusiera de su parte.
Pero todo a su tiempo, se dijo. Primero era mejor andarse con rodeos.
- ¿Has visto a Nick hoy? – le preguntó, muy sonriente.
- No, ni ganas. Supongo que llegará tarde, para variar –respondió Doris, con terquedad. No entendía hasta dónde quería llegar Mary Sue.
- Vaya. ¿Y a Alexander?
- Tampoco. Quizás se haya caído por una zanja viniendo hacia aquí –Al solía llegar temprano, recordó Doris mientras sacaba un paquete de gominolas y empezaba a devorarlas. Tenían forma de gatito, y ella disfrutaba arrancándoles la cabeza antes de comerse al resto del cuerpo.
La mirada de Mary Sue se volvió extrañamente brillante.
- ¿Estás preocupada por él?
A Doris casi le salieron los gatitos por la nariz.
- ¿¡Qué!? Es decir, ¡¡no!!
Mary Sue la miró emocionada.
- ¿Hay algo entre tú y Al?
Los ojos de Doris no reflejaron nada, pero dentro de su cabeza estaba teniendo lugar una compleja ecuación: la velocidad a la que alcanzara el extintor de la pared era directamente proporcional al tiempo que tendría la Princesita para huir antes de que Doris se lo estampara en la cabeza, e inversamente proporcional al margen de maniobra que le quedaría para lanzárselo y marcharse corriendo mientras se tapaba la cara con la camiseta.
Su mirada topó con el único extintor del pasillo, a unos diez metros de dónde se encontraban conversando. Mala suerte.
- Odio. Puro odio –respondió finalmente, dejando su plan homicida para otro día.
- Ah – ¿Eran imaginaciones suyas, o Mary Sue parecía ligeramente decepcionada? De todas formas, se repuso rápidamente. - ¡Cómo sea! ¿Qué te parece si esta tarde quedamos todos para ir a tomar algo?
Doris lo pensó uno coma seis nanosegundos.
- No.
- ¡Invito yo!
- Que no.
Mary Sue frunció el ceño, pero sólo un poquito, lo suficiente porque su dulce rostro no se viera excesivamente perjudicado. Se había acabado andarse con rositas.
- Pues es una pena que no quieras hacer nada, porque conozco a un local muy bueno… Y además, había pensado en invitar a mis amigos de Rosefield, para que os conocieran. ¡Les he hablado mucho de vosotros!
- ¿Tú no venías de París?
- Oui, claro, pero no fui a parar aquí directamente –le anunció con una risita.- Antes estuve un tiempo viviendo en Rosefield. Ay, es un lugar tan bonito…
Ciertamente, lo era. Rosefield era la ciudad vecina de Backshead, y era un lugar acogedor y limpio, con tasas de delincuencia más bien tirando a bajas e instituciones decentes. Era por eso que la mayoría de edificios importantes y centros sociales estaban situados en Rosefield. A los habitantes de Backshead no les importaba demasiado, ya que sólo les quedaba entre diez y quince minutos de distancia.
- Pues es una pena, porque estoy segura que tenías un montón de amigos ahí –dijo Doris intentando sonar sarcástica, pero al recordar que la mayoría de chicos babeaban por Mary Sue se dio cuenta que probablemente esa era la realidad.- Pero no vamos a venir. Bueno, si quieres, secuestra a Nick, pero eso ya es asunto tuyo.
- Sí –siguió Mary Sue como si no la hubiera oído.- Además, la mayoría de mis amigos trabajaban mucho, pero siempre encontraban un rato para estar conmigo. Por eso los quiero tanto…
- ¿Trabajaban mucho? – Doris sabía que Rosefield era una ciudad de pijos. ¿Cómo iban los estudiantes a trabajar, si la mayoría eran mantenidos por sus padres?
- Ahá. Ya sabes, modelos, actores juveniles… Como había un estudio cerca, a la mayoría les fichaban para series, sesiones de fotos o programas. A mí misma me propusieron hacer un par de películas, oferta que tuve que declinar porque…
Pero Doris ya no escuchaba. Su mente repetía una sola frase una y otra vez.
- ¿Has dicho… actores?
- ¡Oui! La mayoría estaban en una serie llamada… ¡Ay! ¡Qué tonta! ¡Ahora no me acuerdo del nombre! Era algo de unas flores… y diciembre, ¡sí!
KILLER MODE-OFF
Doris se quedó mirando un punto fijo del pasillo, intentando asimilar la información, mientras Mary Sue se alejaba con una sonrisa de oreja a oreja y el móvil en la mano. “Ya falta poco, mi querido Nicky”, pensó sonrojándose.
El teléfono dejó de dar pitidos, y una voz medio adormilada respondió des de la otra línea.
- Hola, chèrie, soy yo. ¿Te acuerdas del favor que me debes? Pues escucha con atención…

dimecres, 2 de juny del 2010

Highschool Bizarre Chronicles Capítulo 4 (I)

CAPÍTULO 4

“En ocasiones veo en rosa”


Phyns Blackburn, o como era conocida por su familia, Seraphine Simons, salió corriendo esa mañana de la pescadería familiar. No era que estuviera excesivamente preocupada por llegar tarde a clases, es más, ayer había planeado hacer novillos las primeras dos horas, pero una inquietante noticia que le habían proporcionado las gemelas Nightfall mediante el chat le había hecho cambiar de planes.
En un principio, había visto el recuadro parpadear a la parte inferior de la pantalla de su ordenador y no le había hecho demasiado caso, ya que a menudo Evelyn y Emily le hablaban sólo para decirle cosas tan banales como recordarle sus planes para mañana, preguntarle acerca de su estado de ánimo (que siempre era ‘tan negro como el culo de Satán’) o simplemente desearle buenas noches. Además, estaba hablando con una chica que ofrecía una poción de amor a todos sus compañeros del EmoForo elaborada con su propia sangre, un tema bastante más interesante.
Pero al cabo de un rato, sólo por curiosidad, había decidido echar una ojeada a lo que tenían que decirle las gemelas, encontrándose con uno de los peores disgustos de su vida.
La nueva vivía al lado del mejor amigo de su Nicky.
(Sí, ese renacuajo que se sentaba a su lado. ¿Cómo se llamaba? ¿Alan? En fin, todo lo que no estuviera relacionado con Nick carecía de importancia ante los ojos de Phyns).
Phyns sabía que las gemelas se habían enterado de eso por métodos poco ortodoxos (llámese colocar un micrófono a la capucha del eterno suéter rosa de Nick), y también sabía que su pequeño Nicholas iba a pasar la mayoría de tardes de su existencia, o las que no tenía fútbol, en la casa de Alan. ¡Mary Sue lo tenía prácticamente servido en bandeja!
- ¡Nick es míooooo! –chilló Phyns mientras recorría las calles como un tornado rosa, deteniéndose de vez en cuanto para golpear algún buzón y liberar la rabia que sentía.- ¡Él se llama ‘Pink’, y mi color favorito es el rosa! ¡¡Estamos predestinados!!

Mary Sue había sacado la artillería pesada, y Phyns Blackburn Sixstars Evilmaster no se iba a quedar atrás.



El instituto St. Puff se levantaba como cada mañana con el ruido que provocaban los numerosos jóvenes que allí estudiaban con su llegada al centro. Algunos comentaban el resultado del concurso que habían dado ayer noche en el canal 67, en el que había muerto un faquir intentando realizar el truco de tragar sables. Otros, el entreno de fútbol de la tarde o simplemente lo que habían hecho el día anterior. La mayoría de las chicas comentaban el giro inesperado que había dado Lirios en Diciembre en su último capítulo. Precisamente, en uno de estos grupos, Doris hablaba emocionadamente:
- ¿Y visteis cuando Abel llegaba a casa de Margaret y se la encontraba con John? –era una pregunta retórica; las chicas (y cada vez más chicos) se sentaban delante el televisor con los ojos completamente abiertos y no los cerraban hasta que sonaba la sintonía del final del programa, una hora después.
- ¡Sí! –respondió Tasha Swimbles, esa chica que salió en el prólogo.- ¡Fue superfuerte! Osea, no sabe si el niño es de Abel o Michael, ¡y se lía con John! ¡Esa tía no tiene vergüenza alguna! – las otras chicas asintieron enfáticamente.
- ¡Además, John mató a los padres de Chris! - el nombre de Chris fue coreado por un seguido de suspiros.
- ¡Cierto! ¡Chris encontró esa grabación que hizo John antes del accidente y que podría llegar a probar que sí que fue él el asesino!
- Sí, pero acuérdate que salió que el padre de John es el comisario… No se lo va a poner fácil.
- ¡Pero si ese hombre sabe que fue su hijo quién mató a los padres de Chris debería detenerlo!
- Ya, pero es su hijo, qué quieres… Es obvio que lo va a proteger…

De repente, la conversación se detuvo abruptamente. Doris no tuvo ni tiempo de preguntarse el porqué de la pausa: a su lado había aparecido Mary Sue, tan radiante y preciosa como de costumbre.
- Bonjour, chicas de mi clase –las saludó con simpatía. - ¿Qué tal estás, Doris?
Doris la miró un momento, con desprecio.
- ¿A qué vienen tantas confianzas? Tú y yo casi no nos conocemos.
El resto de chicas del grupo de las había apañado para desaparecer repentinamente. Todos sabían que cuando Doris se ponía con el KILLER MODE-ON era mejor estar lejos. Muy lejos.
- Los amigos de Nick también son mis amigos- respondió Mary Sue alegremente. Llevaba un ligero vestidito de lino y unas bailarinas, todo blanco. Y estaban en marzo.
- Nick no es mi amigo. Y tú menos.
- Oh, bueno, seguro que eso es algo que podemos arreglar.